De “vuelos prohibidos” y realidades cubanas. #Cuba #Tropa

Por Marcos Torres @Marcostropero

Ayer vi la película “Vuelos prohibidos” de Rigoberto López (autor del documental “Yo soy del son a la salsa” en 1997 y de “Roble de olor” en 2006) y me pareció una película aceptable, aunque en extremo ligera para tocar temas tan serios.

En el aeropuerto internacional de Paris, se conocen Mario y Monique. Él: cubano; ella: francesa. El resto de la historia literalmente se cae de la mata: él habla de los problemas de Cuba (en tono extremadamente ambiguo), ella de su familia y sus problemas y terminan en la cama de un hotel y bla… bla… bla… y entonces tienen diferencias (sexo de por medio) en cuanto a las interpretaciones políticas y hasta filosóficas entre Paris y La Habana y bla… bla… bla… y entonces bla… bla… bla…

Ninguno de los actores logra una interpretación coherente o tan siquiera creíble: ni Paulito FG, ni la francesa Sanâa Alaovi, ni tan siquiera Daysi Granados, Mario Balmaseda o Manuel Porto (quiénes en mi opinión mejor lo hicieron) y tengo que coincidir con los críticos cuando dicen que el guión es forzado, abrupto, incluso (y ya a título personal) llega a aburrir y a desentonar.

El ICAIC aquí “se la comió” de verdad. Sería bueno preguntarle al que aprobó la película que cree después que la terminaron y la vió.

Ni se critica la esencia de los problemas de los cubanos, ni se defiende a ultranza el proceso revolucionario. Entonces es como que no acabas de darte cuenta de que están hablando entre tanta “vaselina” y tanta “verborrea” sin sentido que cansa al final, como si el problema de las “libertades” fuera el meollo del asunto en mi país (que habría que ver que entiende Rigoberto López o Wendy Guerra por libertades ¿no? pero bueno él es el cineasta y ella la guionista).

Pero lo que me preocupa realmente es lo que me dijo mi esposa cuando vió las escenas de La Habana Vieja: “Siempre ponen la misma Habana “rota”. Nunca ponen Marianao, Playa o El Vedado. Siempre es La Habana vieja o Centro Habana”. Lamentablemente tiene la razón.

Es como si los cineastas cubanos últimamente, en su ánimo de promocionar su obra, asumieran estos espacios sucios y derruidos como un cliché necesario o como lo más representativo de nuestra realidad, en contraste con la ausencia de la torre Eifel a la que no vi (en serio no la vi: si está presente en el filme sin lío me rectifican), olvidando que La Habana se cuenta sola, pero que cada cual la cuenta a su manera y según sus experiencias (como un gran amigo me dijera hace algún tiempo), y que son más las cosas lindas y limpias que tiene, que de las que adolece.

Esto, a mi entender, le hace el juego a los que detractan sistemáticamente a mi isla y a nuestro sistema político, y cualquiera que ve estas historias desde otro lugar del mundo lo primero que piensa es que Cuba se está cayendo a pedazos, cuando no es así ni por asomo.

Quizás lo único que pueda decirse a favor de la película es que el protagonista defiende sus criterios (aunque ambiguos por momentos, repito) frente a otras verdades que no son las nuestras, aunque en un contexto que realmente no vienen al caso y se torna impertinente.

Coincido entonces con Diana Castaños cuando al referirse a la película, plantea que: “Quiere mucho. Pero querer no basta” en su artículo en el portal CubaSÍ‎ http://cubasi.cu/cubasi-noticias-cuba-mundo-ultima-hora/item/39989-vuelos-prohibidos-mas-de-lo-mismo

 

 

 

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