El fallo inconsecuente o “Sonando en #Cuba”

sonando en CubaPor Marcos Torres @Marcostropero

No acostumbro a criticar a la televisión cubana, partiendo del criterio de que soy de los que sabe de buena tinta, las vicisitudes que pasan los compañeros del ICRT para lograr (si se quiere) una programación que cumpla con gustos que son tan diversos, como diversos son los individuos, y que además debe entretener, divertir, educar y formar valores en nuestra sociedad.

Y precisamente en lo relacionado a la esfera de los valores, me gustaría dedicar un pequeño espacio a lo observado ayer en “Sonando en Cuba”, programa de participación (o concurso si se quiere) surgido de la necesidad de rescatar la música popular cubana, así como espacios perdidos o desplazados por otros extranjeros de gran calidad, pero portadores de un mensaje extraño, enlatado, transcultural y humanamente pobre (de esto hable aquí: https://lastorresdemarcos.wordpress.com/2015/04/27/la-voz-kids-la-manipulacion-y-el-ser-humano/).

Ayer, amén del concurso en sí, el tema central se lo llevaron los valores, y no solo los musicales, sino los sociales, humanos, etc., toda vez que los protagonistas reales del programa no fueron los concursantes sino los intelectuales cubanos que opinaban sobre el tema de los valores, la educación, la banalidad que nos circunda, el reguettón lamentable y artero, los géneros musicales, entre los que destacaron Pachy Naranjo y Frank Fernández, cuyas intervenciones fueron tan elocuentes como claras con relación al tema en cuestión.

Pero lo que sucedió después me derrumbó las ganas de seguir viendo aquello.

Inmediatamente después que terminan las intervenciones de los intelectuales, aparece el espacio para los niños y (¡sorpresa!) el presentador del programa comienza una animada conversación con el pequeño de la siguiente manera (o algo así): “Cuéntame,… porque tengo entendido que eres familiar de una importante figura de la música cubana”. Respuesta: “Sí. Soy el nieto de Adalberto Álvarez, el que tiene una orquesta que se llama Adalberto Álvarez y su Son y … ” (¿¡cómo!?).

La incongruencia fue total y el jarro de agua fría me llegó al alma, y no podía dejar de preguntarme lo siguiente ¿qué le importa a nadie saber que ese muchachito es el nieto de Adalberto o de Tutankamón o de Vishnu o de nadie? Entonces es que te das cuenta que el mensaje no concuerda con las intervenciones anteriores y que la dirección del programa no posee (a las claras y sin necesidad de esforzarse mucho) una real percepción del riesgo que corremos, al menos desde el punto de vista cultural, con tamaña frivolidad transmitida en la TV Nacional, como una trompetilla a sí misma debatiéndose entre el ser y el aparentar, y en este caso el programa aparenta más de lo que es.

La otra cara de la moneda está en que los valores transmitidos no concuerdan con la política de nuestra sociedad donde la exaltación del personaje público, el famoso, el familiar de la figura nunca ha sido el tema central.

Ok. Algunos pueden decir que el abuelo es un muy gran músico. Concuerdo. No lo niego. Pero es exactamente eso “el abuelo” que tiene sus propios méritos (muchos por cierto), pero al nieto aún le queda mucha vida por demostrar lo que puede lograr.

Al fin y al cabo, la culpa no es del niño, ni de su madre, ni de su abuelo, sino de la dirección del programa que se descalifica de una forma lamentable con esta “metedura de pata” en pleno horario estelar de la TV cubana.

https://feddefe1917.wordpress.com/2015/08/04/sonando-en-cuba-megasabado-o-la-exaltacion-a-la-banalidad-de-la-farandula/

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Un pensamiento en “El fallo inconsecuente o “Sonando en #Cuba”

  1. La idea del programa me parece adecuada. Se impone dar potencia a nuestra cultura, y sin dudas que la música popular bailable, son, timba, songo, changüí u cualquiera de sus afluentes se encuentran en su centro. A fin de cuentas no es menos cierto que otros géneros importados ocupan plazas por sus fueros en nuestra isla en su menoscabo. La idea de presentación, imagen así como el soporte tecnológico que exhibe tienen incuestionable mérito. Ahora, cuidado que nos pasamos, del noble fin a la chusma y la banalidad puede haber solo una delgada línea. ¿Cuál era la necesidad de publicitar la imagen del nieto de Adalberto Álvarez? Por lo visto en ese pequeño en La Colmenita de Cremata al menos a mí no me cabe la menor duda de que reúne potencialidades para desarrollar una futura carrera artística. Si el fin del programa es promover el más auténtico caudal de talento pudieron seleccionar a niños entre los muchísimos proyectos comunitarios, de Casas de cultura, escuelas, etc con que contamos, lo que sí sería loable. Hay que lograr que suene la música popular muy alto en Cuba, pero que suene sin tanta banalidad, ni explotando las fórmulas sensasionalistas y mercanchifles que desgraciadamente nos invitan al ocio vacío y estéril como la Voz Kid o sus similares. !Seamos originales y creativos, que de eso estamos hechos los cubanos!

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