¡”Prima”… “Pata”… y “Sola”…! ¡Gané! #Cuba #Tropa #TenemosMemoria

bolasPor: Marcos Torres.

En Twitter: @Marcostropero.

¡No entendieron! ¿Verdad? Bueno… les explico.

Estas palabras son integrantes de un juego infantil que el cubano adora, y que a su vez hace su parte en nuestra idiosincrasia criolla.

Este se juega con “bolas” (o “canicas”, si el lector es extranjero) y son precisamente estas palabras (las del título) las que dan nombre a tres simples toques (o “quimbes”) entre la bola propia y la del contrario. Por regla general, se realiza en terrenos de tierra y se emplea como especie de base o zona franca, un oquedad poco profunda y accesible a todos denominada “guao”, lugar de donde parten los jugadores una vez logrado el ingreso a tan encumbrado sitio, acción que en el argot pueril e incluso popular del cubano se denomina “angollar”. Aclaro que este juego parece predestinado, como si fuera parte de una de las leyes del materialismo histórico, a ser desarrollado en su totalidad por infantes del sexo masculino.

De niño nunca observé a una hembra jugando a las bolas, aunque tengo conocimiento de algunas que si lo hacían, so pena de ser clasificadas, “por siempre jamás”, como “marimachos”, en una ingenua e infantil forma machista de limitar la sexualidad a través de la actividad cotidiana.

Las reglas de este juego son tan heterogéneas como diversos los caracteres de los jugadores, y cambian de provincia en provincia, incluso de un barrio a otro de una misma calle, y ¡para qué hablar de sus orígenes! Esos se han perdido en el tiempo.

Hago esta aclaración ya que a continuación explicaré (jijijijijijijijijiji) que recientemente encontrándome en el parque con mi pequeño hijo de 6 años y de conjunto con otros padres (varones por supuesto) que cuidábamos la tranquilidad del consabido y necesario gasto de energía de los pequeños, nos pusimos literalmente a “jugar a las bolas”.

Está de más decir que se armó tremendísimo barullo con aquello, y entre risas, poco a poco los presentes fuimos llegando a una conclusión que lejos de ser absoluta, defiende nuestra cubanía: “el cubano que de ‘fiñe’ no jugó a las bolas, no es cubano o no vivió en Cuba”.

Y es que, por lo menos a mi entender, estas son las cosas que forman parte de nuestra cubanía, de nuestra cultura, y por qué no… de nuestros valores.

Sí… no se rían. Precisamente nuestros valores. Fíjense si es así que entre todos los participantes del juego se evita la trampa, pero se deja un espacio muy amplio a la picardía y a la “sana maldad” (entiendan esto no como contradicción, sino como retórica necesaria), contribuyendo a la vigilancia entre todos, como suma expresión infantil de la necesidad de reconocer lo bueno y lo malo en la actividad humana, y al final todos trabajan por un bien común que es el propio juego.

¡Claro…! ¡Qué el cubano es del caraj…!

Siempre han habido 2 versiones de un mismo juego que no han cambiado: “a la verdad” y “a la mentira”. La primera vía, presupone la pérdida de la bola con la que estás jugando una vez perdido el encuentro; la segunda no.

A mi en lo particular me gustaba más jugar el segundo, en primer lugar porque no era muy bueno y siempre perdía, y en segundo lugar porque, cuando ganaba, me sentía incómodo cobrando. No sé. Me sentía mal conmigo mismo, y muchas veces daba por terminado el juego como “blanco” o “de caballero”, que significaba que aún cuando se había pactado de una forma, no se cobraría. Otros (los más) me secundaban también y hacían lo mismo cuando les tocaba ganar.

Pero bueno eso ya formaría parte de la educación de cada cual en su propio medio (y en este caso me refiero al social), no sólo la escuela sino también la casa, la familia, los amigos más cercanos.

Por lo menos para mi estas conductas siempre fueron una especie de “ingenua malignidad” que pertenecía al “misterioso” mundo de lo prohibido, y que ahora, con muchos años de más, puedo analizar con un sentido mucho más crítico.

A mi me enseñaron lo correcto. De eso estoy convencido.

 ¡Y este artículo es para los que además dicen que en Cuba este juego está casi extinguido, dando evidentes muestras de oxiurismo en sus incordiales análisis (busquen en vitraldecuba.com el 19 de diciembre de 2014)! ¡Este juego está muy vivo en Cuba!

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